Gilda Pontbriand es una pintora radicada en Ottawa, Canadá, cuya obra tiene sus raíces en los años que vivió en México — el tiempo que, según sus palabras, dio estructura a su vida y sentó las bases de su arte. Moviéndose con fluidez entre la abstracción y la figuración, pinta al óleo, sobre seda y en monotipo, y también trabaja la fotografía. El color es su elemento esencial: un dibujo firme y seguro envuelto en una suavidad etérea, composiciones que se mantienen simples y elegantes mientras cargan una honda emoción.
Para Pontbriand, la pintura es una búsqueda constante con una dimensión espiritual — un movimiento entre lo mundano y un mundo mágico. Organiza su trabajo en series nacidas de su entorno, sus sueños y su mundo interior, invitando al espectador a leer la emoción detrás de cada pieza más que una escena literal. Su serie «Mirage» — con obras como Ellarbol, Mujarbol, Nirvana y Nenufemme — funde la figura femenina con árboles, agua y luz en imágenes oníricas, casi míticas. Su obra más amplia abarca desde estudios florales y glifos mayas hasta el retrato y la abstracción pura.